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lunes, 25 de marzo de 2013

BATALLA 25 DE MARZO DE 1866


La batalla de Chihuahua: 25 de marzo de 1866.

En el año de 1866, la situación para los favorables al Imperio Mexicano se tornaba desesperada, debido tanto a la progresiva disminución de la ayuda francesa como a los triunfos logrados por las tropas leales a Benito Juárez, encabezadas por militares de la talla de Mariano Escobedo, Jerónimo Treviño, Andrés S. Biseca, Ramón Corona, Porfirio Díaz y Luis Terrazas, que lograron expulsar al enemigo de las regiones norte, noreste, noroeste y occidente del país.

Dentro de este contexto ocurrió el ataque a la ciudad de Chihuahua, orquestado por el Coronel Luis Terrazas, durante los días 24 y 25 de marzo de dicho año. A continuación describiremos los hechos que permitieron recuperar esta plaza para la causa republicana.

El día 3 de marzo salió de Paso del Norte la brigada a cargo de Terrazas, llegó a Carrizal el 9 y continuó hacia Aldama pasando por la Hacienda de Agua Nueva, desde donde se comunicó con las autoridades de Aldama, Allende, Camargo y Rosales, para pedirles contingentes de voluntarios. También encomendó al Coronel Agustín Vásquez que tomara el rumbo de Hidalgo del Parral para tomarlo y con ello cortar la línea de retirada de los imperialistas y también un posible apoyo desde Durango.

Tras una penosa travesía por el desierto, sin agua ni leña, y sin tomar alimentos, el contingente llegó a Aldama el día 16, donde permaneció hasta el 24, para esperar a las fuerzas auxiliares. El día 18 hubo una escaramuza en el puesto de Santa Ana entre algunos enviados imperialistas y los integrantes del puesto de avanzada, que mantuvieron su posición y pusieron en fuga a sus adversarios. 

Convenientemente reforzada, salió de Aldama la brigada el 24, haciendo alto en el rancho de En medio. En la noche se escucharon las campanadas provenientes de la capital, tenidas en principio por un medio para levantar la moral de los soldados imperialistas, pero que en realidad se trataba de la celebración por la llegada de trescientos hombres para auxiliar a la capital, lo que igualaba fuerzas entre ofensores y defensores de la plaza.

Posteriormente en esa noche, ya organizada la brigada al mando de Terrazas en columna de ataque, emprendió de nuevo la marcha, dejando el camino de Tabalaopa y haciendo una travesía hacia la izquierda, para salir al de Bachimba por el rancho de Avalos. Hizo un alto de tres horas al pie del cerro Grande, ocupado anticipadamente por la fuerza mixta de San Andrés y del Carrizal, bajo las órdenes del Coronel Joaquín Terrazas.

A las nueve de la mañana del 25 las fuerzas republicanas descubrieron la plaza, e hicieron alto aproximadamente a un kilómetro de ella, se estacionaron y Terrazas encabezó una avanzada con varios jefes y oficiales para reconocer los suburbios. Llegó esta avanzada a la alameda de Santa Rita (actual Parque Lerdo y Paseo Bolívar), y pudo notar movimientos en su derecha, por lo que se retiraron bajo el fuego enemigo.

Dio comienzo la batalla con estos encuentros, la caballería imperialista amenazaba al flanco derecho de los republicanos, y al izquierdo se presentaba una columna de tres armas protegida por la iglesia de Santa Rita, los edificios contiguos, el arroyo y los arcos del acueducto, pero la artillería republicana abrió fuego al frente y a la derecha y posteriormente se organizó una carga con poco más de cien caballos sobre los imperialistas que amagaban la izquierda, carga compuesta por el piquete de Durango, los lanceros de Julimes y la caballería de Camargo, protegidos por la infantería de Aldama bajo el mando de su jefe el Coronel Enrique Armendáriz, y una pieza de montaña que bajo las inmediatas órdenes del Comandante de Batallón, C. Rafael Villegas, fue personalmente llevada al ataque por el Coronel Tomás Borrego.

Terrazas envió a la cabeza de la columna de infantería que se acaba de destacar al Coronel Félix Díaz, que en combinación con los aldamenses desalojó de los arcos y envolvió a su enemigo, derrotándole, tomándole 94 prisioneros y una pieza de montaña, mientras el resto de la columna imperialista se dispersaba.

Mientras esto pasaba, una compañía del batallón Guardia de los Supremos Poderes, bajo el mando del Capitán Manuel Arriaga, avanzó sobre la caballería imperialista que se había presentado a la derecha, y protegida por la artillería le obligó a replegarse dentro de la ciudad.

Gracias a estas acciones los republicanos pudieron tomar el campo disputado y concentrar en la plaza al enemigo. La línea de batalla llegó hasta la alameda de Santa Rita (Parque Lerdo), donde se volvió a formar en columna, protegida por tiradores situados en las alturas. El Coronel Juan Pérez Castro, acompañado del de la misma clase Tomás Borrego, tomó la vanguardia, y con algunos soldados de caballería, pie a tierra, penetraron hasta el centro de la población, entablaron combates ligeros con la infantería y caballería imperialistas, a quienes hicieron nuevos prisioneros. El piquete de Lanceros de Durango, sostenido por veinte infantes de la sección Aldama y los “Patriotas del Carrizal” habían penetrado por la derecha y se hallaban situados á espaldas y por el costado izquierdo del Instituto Científico y Literario (actual Rectoría de la UACH), frente a la fortificación defensora. Terrazas nombró entonces jefe de la línea de ataque al Coronel Sostenes Rocha, y el General 2 ° en jefe de la brigada, Juan X. Mirafuentes, tomó el mando de la reserva general.

La línea de ataque se formó, recibiendo el mando del centro el Coronel Félix Díaz, de la derecha el Teniente Coronel Comandante de artillería Rafael Platón Sánchez, de la izquierda el de la misma clase Guillermo Vasqueti y de la reserva el Coronel Juan P. Castro. En esta disposición ocuparon las tropas de ataque el centro de la ciudad, y la reserva permaneció en la alameda.

Ocupada la plaza principal, era indispensable desalojar al enemigo de las torres de la Parroquia (actual Catedral), desde donde sus tiros podían hacer mucho daño a los republicanos. Dada la orden al efecto al Coronel Rocha, él en unión del Coronel Borrego, y del Capitán Macedonio San Martín, que se presentó ofreciendo sus servicios, con un piquete del Batallón Guardia de los Supremos Poderes y protegidos por una pieza de artillería de reserva, situada en la alameda y dirigida con acierto por el Teniente Brígido Chavira, tomaron la Parroquia, haciendo prisionera la guarnición; de cuyo resultado dio parte a Terrazas el Coronel Borrego, poniendo en sus manos una bandera que los traidores tenían en la altura. En seguida y desde la calle que pasa por el portal municipal, se avanzó toda la línea por dos horadaciones dirigidas con mucho vigor por el centro y la izquierda, sobre el reducto en que se habían encerrado las destrozadas fuerzas imperialistas, y cuyo recinto componían la plaza y el edificio del Colegio de Jesuitas (Sitio actualmente ocupado por el Palacio de Gobierno) y el Cuartel de Hidalgo, defendido por las obras destacadas que constituían el Instituto y la Iglesia de San Francisco.

Establecida la artillería sobre la base de la línea, bajo la dirección personal inmediata de su Comandante, el Teniente Coronel Rafael Platón Sánchez, comenzó á jugar con buen éxito sobre los fuegos contrarios, a pesar de encontrarse a descubierto. Este era un inconveniente, y se levantaron parapetos volantes, para lo que colaboraron algunos individuos de la Corporación de Oficiales, que por estar desmontados y sin armas no podían prestar otro servicio en esos momentos. El Instituto fue batido por el piquete “Lanceros de Durango” pie a tierra, otro de la infantería de Aldama y por los patriotas del Carrizal, que formaban parte del ala derecha de la línea de ataque; y allí estableció personalmente el Mayor de órdenes de la Brigada, Coronel José María Gómez, una pieza de montaña que arrojó granadas con buen éxito sobre las alturas del Colegio.

La reserva se situó en la plaza principal y en la línea que ocupaba el tren, resguardado en la calle de la Alameda.

Los imperialistas hicieron varias salidas con su caballería presentándose por el flanco izquierdo de los republicanos, fueron batidos por la reserva con artillería y caballería y obligados varias veces a retirarse.

A las cinco y media de la tarde, la columna de ataque, dividida en dos trozos bien cubiertos por tiradores que ocupaban las alturas, estaba en disposición de dar el asalto, pero Terrazas dispuso que se difiriera esta operación para la media noche.

El resto de la tarde se pasó casi sin hacer fuego por los republicanos, mientras sus enemigos quemaban su parque inútilmente. El centro de la línea de ataque se hallaba tan cerca de las posiciones enemigas, que su Jefe el Coronel Félix Díaz, entrada la noche, arrojó á ellas algunas granadas de mano.

Los imperialistas, muy debilitados por la derrota sufrida en la mañana y considerando el ataque inevitable, se aprovecharon de la noche para proteger la fuga de sus jefes y una parte de su fuerza, que pudieron evadirse porque el número de los republicanos no les permitía circunvalarlos; y a las 11 de la noche se rindieron en número de 200 individuos, franqueando la entrada del reducto al Comandante de Escuadrón Matías Pereyra, que tomó posesión de él con cinco soldados del Batallón Guardia de los Supremos Poderes.

Los republicanos tuvieron siete bajas, que fueron el mayor Joaquín Soto, el Teniente Mauricio Vázquez y cinco individuos de la clase de tropa; y 26 heridos, entre los que se encontró el general en jefe. Los imperialistas sufrieron la pérdida de 26 muertos, ocho heridos y 300 prisioneros. 

En esta batalla histórica se distinguieron todos los oficiales y voluntarios que habían unido su ideal, sobresaliendo en el mando y en la estrategia los siguientes coroneles: Luis Terrazas, Félix Díaz, Sostenes Rocha, Tomás Borrego, Juan P. Castro y José María Gómez; los tenientes coroneles Rafael Platón Sánchez y Guillermo Vasqueti. De igual manera fue relevante la participación del cura de Santa Rosalía, Jesús Morales, del Teniente Coronel Jesús Muñoz Delgado y de todos los jefes, oficiales y cuerpos voluntarios que ya se mencionaron. 

La campana rota.


Imagen


Como se mencionaba, durante el asedio del 25 de marzo el Teniente Brígido Chavira estaba a cargo de una pieza de artillería que protegía a los republicanos del fuego efectuado desde las torres de la Parroquia (hoy Catedral). En esa labor efectuó un disparo de cañón dirigido a la Parroquia, desde el actual Parque Lerdo; la bala disparada le arrancó una parte a la campana mayor, con tal impacto físico y moral que fue parte determinante para que los imperialistas se entregaran y otros escaparan. Es por esto que la mencionada campana se ha considerado en la historia regional como una importante huella de un acontecimiento relevante que devolvió la libertad a la ciudad de Chihuahua, después de haberse mantenido en poder del grupo de traidores que se habían unido al ejército francés. 

Con motivo de las conmemoraciones del Bicentenario de inicio de Independencia y Centenario de la Revolución, se declaró patrimonio histórico la campana de la Catedral de Chihuahua. 

Es importante destacar que la ciudad de Chihuahua ha conservado este objeto emblemático durante 146 años, como una huella imborrable del valor y la lealtad de los chihuahuenses para el Gobierno de la República, durante la intervención francesa y el Imperio.

FUENTES: http://www.chihuahuamexico.com/index.php?option=com_content&task=view&id=1349&Itemid=110, http://www.sedena.gob.mx/index.php/conoce-la-sedena/antecedentes-historicos/sedena/efemerides-del-ejercito-mexicano/marzo/119-24-de-marzo-de-1866-batalla-de-chihuahua, http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080017842/1080017842.PDF

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